4 de abril de 2009

La amenaza fantasma

Por fin alguien hizo justicia.

Yo era un tipo bueno y considerado, de hecho creo serlo en la mayoría del tiempo y situaciones. Y durante mucho tiempo soportaba ciertas actitudes de las personas tanto, que ya era un boludo rotundo.


Pero un día, rayando los 17 años fui con linucho al cine y todo cambió…

En mi pueblo, de pequeños, íbamos en patota. Los padres se sorteaban quién acompañaba a una manga de niños-preadolescentes al recordado Cine Español. Supongo que con mucho ruido nos acomodábamos para ver películas de Escábencher (así leía yo a Schwarzenegger, y bueno… es difícil), Chuck Norris o Héroes con el Diego como estrella principal. Pero el cine cerró y por lo tanto pasaron muchos años para que vuelva a ver el 7mo arte.


En el medio me hice amigo de Linucho y como vive en BA me reencontré otra vez con el cine. Todo era muy diferente, y no sólo por el tipo de películas sino porque los cines son totalmente diferentes, ahí son complejos (en el sentido sustantivo y adjetivo de la palabra).

Pero no sólo las salas eran diferentes, sino mi acompañante. Mi amigo, fanático del cine (de hecho estudió eso) me metió en la cabeza ciertas reglas a cumplir a rajatabla:

1) En el cine no se come.

2) En el cine no se habla.

3) En el cine no se molesta.

4) En el cine se chista al que molesta.

5) En el cine se insulta a viva voz al que siga molestando.

Y yo, como buen padawan lo tomé muy a pecho.


Lo sé, lo reconozco. Si me voy a ver Spiderman 3 un sábado a las 4 de la tarde la misión se vuelve tan difícil como estúpida, además el stress va a ser importante. Pero lo logré: Sala 1 del Multiplex de Belgrano lleno de niños asustados, no por el tipo de arena que le pegaba a Peter Parker sino por el colorado que los cagaba a pedos.


Y así tengo un montón de experiencias desagradables como perderme el final de Escondidos en Brujas por mirar/chistar/pedir/despotricar a una pareja de viejos sentados al lado mío porque analizaban si llegaban tarde a comer a no sé dónde mierda (Y Luis Pedro Toni atrás mío).

De hecho estas situaciones me persiguen: la primera vez que viajé a Bahia Blanca a conocer a los padres de mi novia, fuimos al cine a ver esa del negro que se queda sólo en NY por un virus y combate a pseudo vampiros con su perro.


No había nadie en el cine, bah! Sólo una pareja con su hijito y nosotros en las butacas de adelante, con tanta mala suerte que el borrego estaba justo detrás de mí y a mitad de película, sugestionado se pone a llamar a la madre porque “se sentía descompuesto”. Se pueden imaginar esa situación en mis zapatos??? No podía chistar, insultar ni cambiarme de lugar para no parecer que el novio de la nena era un paranoico potencial asesino.


Mi problema también se extiende al uso del celular en plena función. Mierda! No lo pueden apagar dos horas??? Tan importantes se sienten que la gente que los llama no puede esperar a que uds contesten??? He determinado así, arbitrariamente, que la gente que usa celular en el cine merece por lo menos contagiarse de dengue.

Y aunque muchos me digan lo contrario, yo considero que así se debe ver el cine, porque mi amigo me lo enseñó así, porque el tipo que conozco que más sabe de cine me instruyó así.


Pero el otro día se me cayeron las estanterías. Mi maestro ha traicionado a la Fuerza. Como Anakin se transformó en Darth Vader por culpa de Padmé, Linucho se puso de novio y cambió sus hábitos cinerísticos. Ahora el hijoeputa come pochochos, caramelos ruidosos, tapas, asado de tira o cualquier cosa mientras mira cómodamente en su butaca una de suspenso mientras me contesta por sms.


Y pensaba que me había quedado sólo en esta cruzada… hasta que apareció esta justiciera cordobesa que aparece en los diarios como un rayo de esperanza.

3 de abril de 2009