28 de diciembre de 2007

Colorin colorado

Soy colorado, pelirrojo o como quieran llamarlo (no es una confesión pero es relevante para el siguiente relato) Ahora si, sigamos:

Si hay algo que siente una persona del interior cuando va a BA es miedo. Más si uno va poco, y siempre nos llenan de recomendaciones: caminá cerca del cordón para que no te arrinconen, caminá lejos de la calle para que no te suban a un auto, no hables con nadie, no camines de noche, no lleves la billetera en el bolsillo de atrás, llevá el billete de 100 en el calzoncillo, cuidado con los taxis, etc, etc. Y en vez de desarrollar una actitud precavida desarrollamos una psicosis de maníaca persecutoria.

Una vez estaba en la Terminal de Retiro esperando mi bus para volverme al pueblo. Como faltaba mucho me compre una revista, me senté en los bancos de afuera a esperar y recordando los consejos, puse la mochila enredada entre mis pies.

Sumergido en mi lectura, me daba cuenta que momentáneamente iba compartiendo mi banco con diferentes personas, pero no prestaba atención. En un momento una chica se me sienta al lado y no para de mirarme, pero yo seguía leyendo. Habrán pasado 2 minutos y la chica me dice, en una tonada que no alcancé a descifrar la procedencia, pero seguro que era latinoamericana, “Qué hora es?”. Y cuando le voy a contestar, me doy cuenta que alguien en frente nuestro nos saca una foto. Asustado, paranoico y desenredando la mochila para salir corriendo veo que el que sacaba la foto (parecía el actor peruano que trabaja siempre con Zsifrón) me saluda amablemente, desconcertado miro a la chica que se levanta y me dice “Es que nunca había visto un colorín…”

Así que en algún lugar del mundo anda la chica mostrando sus fotos de vacaciones en el obelisco, en puerto madero y yo, el colorín.

16 de diciembre de 2007

Volvé Victor...



Y fue a apagar la luz nomás...

15 de diciembre de 2007

Juira perro! Vaya pa´ la cucha

Al ver este cartel en una estancia de brasileros en Paraguay uno se pregunta:
¿Este pichicho se encerrará en su habitación con la pc y la playstation, sin salir por años como los japoneses? ¿O es una forma elegante de decir "perro que muerde"?
Por las dudas no bajarse de la camioneta hasta averiguarlo.

9 de diciembre de 2007

Sensacion de inseguridad

En mi época universitaria me levantaba muy temprano, creo que a las 6. Iba caminando a La Ideal para tomar el 57 que, en esa época pasaba por Suipacha. Siempre iba medio dormido, es más, no me quería despertar del todo ya que la hora y media de viaje hasta Luján servía para terminar la dormida. Muchos alumnos utilizan el viaje para estudiar, repasar o practicar ejercicios. Yo no, yo en el viaje dormía.

Llevaba mis monedas y cuando pagaba me encontraba siempre con el mismo escenario: todo el bondi lleno de policías dormidos. Y resulta un paradoja, pero un colectivo lleno de policías de la bonaerense no te da la sensación de seguridad, es más, todo lo contrario.

Para los que no saben, les comento que los policías no pagan boleto de bondis de larga distancia (ahora no lo sé, pero así era en esa época) por lo tanto tienen la obligación de dejar la butaca a los civiles pagadores. Estos no, se dormían o se hacían los boludos.

Cuando encontraba un lugar era seguro al lado de un policía gordo que se te tiraba arriba tipo abrazo de oso y su pistola (la que hace pum) se me clavaba en las costillas. Pero eso no era lo peor. Lo peor sucedía en invierno, ese invierno que no deja abrir las ventanillas, ese invierno que no deja que se cambie el aire, ya que el tufo ahí arriba era insoportable, mezcla de mal aliento con no se qué… Ah! Todo esto acompañado de ronquidos que variaban en volumen y tono.

Una vez todo empeoró, de golpe los que estábamos despiertos empezamos a sentir un olor espantoso, nos buscamos con las miradas, no lo podríamos creer, era? no era? si era… era un mañanero. Esos pedos nauseabundos que han fermentado en el intestino durante toda la noche, y así, sin previo aviso y sin hacer ruido empieza a inundar la atmósfera del bus.

Nadie podía reaccionar, solo nos poníamos los abrigos en la cara como si fuéramos a asaltar un banco en el lejano oeste. Cuando estábamos perdidos, al borde del desmayo, insultando a todo el mundo por lo bajo y mareados se escuchó una voz del fondo, que no fue muy fuerte pero que nos daba fuerza, que nos hizo envalentonar y dar pelea…

“Vamos muchachos!!! Que dos aspiradas más y lo terminamos!!!”